E20: Peces de Ciudad

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Hay canciones que suenan bien.
Y hay canciones que te acompañan durante años.

Esta semana quiero hablarte de una de mis preferidas:
“Peces de ciudad”, del maestro Joaquín Sabina.

Sabina te puede gustar o no.
Su voz, su estilo, su forma de contar las cosas…
Pero si te paras a escuchar con atención, descubres que hay letras que son auténticos retratos de la vida.

Y esta canción, para mí, es eso.

Un viaje.

Desde el amanecer de la vida…
hasta el ocaso.

Desde cuando quieres comerte el mundo,
hasta cuando miras atrás y lo que quedan son recuerdos.

Hay seis fragmentos de esta canción que quiero compartir contigo…
seis momentos que, cada vez que los escucho, me atraviesan.

Fragmento 1:
"Hay quien dice que fui yo el primero en olvidar"

Es ese momento en el que uno comienza la vida sin dar demasiada importancia a las primeras decisiones.
Cuando crees que nada es definitivo.
Que todo se puede cambiar.
Que equivocarse no tiene consecuencias.

Es la edad en la que olvidar es fácil.
En la que no somos conscientes de que cada pequeño paso va construyendo el camino.

Fragmento 2:
"Desafiando el oleaje sin timon ni timonel. Por mis sueños va, ligero de equipaje, sobre un cascaron de nuez, mi corazón de viaje"

Ese comienzo valiente.
Esa etapa en la que avanzas sin demasiadas certezas, pero con muchísima ilusión.
Sin un timón claro.
Sin un plan perfectamente trazado.

Solo con sueños.

Con el corazón en la mano.
Con ganas.
Con coraje.

Es esa sensación de lanzarte al mar sin saber exactamente nadar, pero confiando en que aprenderás por el camino.
Es frágil… pero es puro.

Fragmento 3:
"Luciendo los tatuajes de un pasado bucanero"

Y aquí ya no hablamos de sueños… hablamos de cicatrices.

De todo lo que has vivido.
De lo que te rompió.
De lo que te hizo más fuerte.

Empiezas a lucir las heridas con cierto orgullo.
Como si cada golpe fuera una prueba superada.
Como si cada caída te hubiera enseñado algo que no se aprende en ningún libro.

Ya no eres el que empezó.
Ahora eres la suma de todo lo vivido.

Pero la vida sigue avanzando.

Fragmento 4:
"Y como huir cuando no quedan islas para naufragar"

Ese punto en el que empiezas a notar que no siempre hay un lugar al que escapar.
Que no siempre se puede volver a empezar desde cero.
Que las decisiones se acumulan.

Cometes errores.
Aprendes.
Pero cada vez es más difícil borrar y comenzar de nuevo.

Empiezas a entender que la vida no es infinita.
Que no todas las oportunidades regresan.
Y que cada elección va cerrando puertas mientras abre otras.

Fragmento 5:
"En Comala comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver"

Y esta es profunda.

Es el momento en el que miras atrás.
A los lugares donde fuiste feliz.
A las personas que marcaron tu historia.
A etapas que en tu memoria brillan más de lo que quizá brillaron en realidad.

Pero hay una verdad incómoda:
no se puede volver.

Puedes regresar al mismo sitio…
pero no eres el mismo.
El lugar tampoco lo es.

La felicidad que recuerdas pertenece a otro momento, a otra versión de ti.

Intentar revivirlo puede romper el encanto.
Porque el pasado no está para volver…
está para agradecer, para aprender de lo vivido,
y vivir un mejor presente y construir un mejor futuro.

Fragmento 6:
"Peces que perdieron las agallas en un barco de morralla, en una playa sin mar"

El ocaso.

Ese momento en el que las fuerzas no son las mismas.
En el que las agallas cuestan más.
En el que los sueños ya no empujan igual que antes.

Y lo que pesa no son los errores cometidos.

Lo que pesa... son las oportunidades que no aprovechaste.
Las palabras que no dijiste.
Los riesgos que no asumiste.

Ahí es donde la canción se vuelve espejo.

Porque todos, si no tenemos cuidado, podemos acabar viviendo más de recuerdos que de ilusión.

Y por eso, si algo me deja esta canción cada vez que la escucho, es un mensaje muy claro:

Vive con intensidad.
Equivócate.
Atrévete.

No esperes al momento perfecto.
No retrases decisiones por miedo.

Porque el tiempo pasa.

Y cuando llegue tu ocaso, que lo que tengas sean cicatrices de haber vivido…
no arrepentimientos por no haberlo intentado.

Es mucho mejor equivocarse que arrepentirse.

Mucho mejor haber navegado sin garantías…
que haberse quedado en el puerto viendo cómo otros zarpan.

Hoy no te hablo solo de una canción.

Te hablo de la vida.

De la tuya.
De la mía.

Y de ese viaje que empieza ligero…
y termina lleno de memoria.

Que cuando mires atrás puedas decir:

Viví.
Lo intenté.
Me equivoqué.
Pero no me quedé con las ganas.

Y eso… ya es una victoria.